domingo, 26 de febrero de 2017

Roto, vacío… Angustiado y decaído.

Pesados peldaños abaten mi alma, cada paso, cada esfuerzo, dura y exigente réplica de su antecesor. Subir, ascender, otra parte del camino que no encuentro fuerzas para recorrer, pero recorro.

Un paso más cerca de ese final. Y un pedazo de mí que se queda impregnado en cada uno de estos difíciles andares. Huellas que dejo atrás, manifiestos de etapas, mismo calzado, misma talla, misma forma de pisar pero todas ellas diferentes. ¿Evolución?, ¿puede que madurez? La historia de mi vida que voy dejando tras de mí en esta loca y desorientada ascensión a la que llamo vida. Roto desde mis comienzos, base construida con prisa, o eso creo, patizambos pasos ascendentes de un niño que necesita aprender a subir. Difíciles traspiés de un adolescente que necesita un mentor pero no se ayuda más que en su observación. Difícil inicio a la madurez siendo la pieza de un puzle en la que por más que me esfuerce, siempre tengo la impresión de que mi pieza no pertenece a este puzle. Duras caídas de un adulto equivocado y confuso. Malherido y lastimado pseudohombre enamorado.

He llorado, he sangrado, he luchado hasta la más exigente extenuación, me he levantado. He sido siempre fiel a mis convicciones y por ello siempre he sido raro. He actuado de la misma forma que querría que actuarán conmigo y por ello se me ha recompensado con peldaños más altos, más estrechos y más resbaladizos. He amado de formas diferentes, he amado caricias, he amado labios, he amado la forma en que descubría lo que era dar. He sentido caricias en mí corazón cuando yo las daba piel que no era la mía. He sentido placer infinito por ver a la persona que amaba estremeciéndose del placer que mis manos le evocaban. He sentido el desgarro de ver que todo lo construido con amor, fuerza y convicciones, se destruía.

He querido dejar de subir por esta infame escalera, que coño, he querido bajar, he suplicado poder bajar unos cuantos peldaños. En ocasiones, extenuado por el no saber, he optado replicar pasos de alguien que ya recorrió ese tramo de escalera antes que yo, mirando hacia arriba en busca de aprobación o tan solo atención por verme subir. Por más que lo he intentado, por más que buscaba. Ni mirada, ni aprobación, ni nada. Y otro tramo de escalera con oscuridad en mi camino ascendente. ¿Me agarro a la pared cuando estoy extenuado? ¿Me apoyo en la punta del pie cuando se me canse el talón? Pero no hay mención, ni instrucción. Maldita la hora que decidí no pararme a descansar, malditos los pensamientos de que todo esto en algún momento se va a terminar. ¿Quiero que esto termine o tan solo quiero una tregua? ¿Acaso la tregua no es la propia muerte? El descanso puede ser finalizar la ascensión, por ello asciendo. Asciendo con odio, pero asciendo, asciendo con rencor, pero asciendo, con furia y melancolía, asciendo con amor, con esperanza, con lucha o cobardía pero sigo ascendiendo. Ascendiendo solo, pero al fin y al cabo, ascendiendo.

Llega un peldaño, uno en concreto, parecido a los otros pero diferente y especial. Uno en el que te das cuenta que siempre, siempre vas a estar solo. Tus pensamientos, tus alegrías, tu fuerza de dar uno de esos pesados pasos más radica en el interior de cada uno. Nos gestamos solos en el vientre materno y solos acabaremos nuestra vida en una fría caja de pino y seda. Ya resbalé en peldaños por intentar ver la vida de forma diferente, ya me levanté, ya me curé esas heridas. Encrucijada más que estudiada. De igual forma termino por apoyarme en gente, eso es humano, aun así al final el más crítico juez, el que tiene poder sobre mí, es mi propia mente. No es el benevolente y comprensivo amigo que te da consejos edulcorados para calmarte, no es la pareja que ve cual imagen ralentizada de un derribo como los cimientos que te hacen sólido van mermando erosionados por la dureza del camino pero aun así te alienta. El juez poseedor del bagaje que me ocupa me insulta, me condena y me exige más de lo que puedo dar. El juez de mi mente se avergüenza al verme débil, me exige reprimir mi dolor, me obliga a disimular alegría, me empuja para dar pasos con pies doloridos. Un paso más. He pasado tantas veces por las fases duelo que perdí la cuenta. He deseado ser estúpido y conformista, ser una marioneta en este teatro al que llamamos sociedad, he deseado ser creyente, ver a un dios superior que me quiera y que me diga que todo saldrá bien. He querido ser uno más, moldearme para poder ser una pieza útil de este jodido puzle. Pero no lo consigo, nunca lo conseguiré y me aterra no saber que hay detrás de esa oscuridad que tengo diez peldaños más arriba.

Mi juez me ha enseñado bien. Nadie logra ver los entresijos de mi mente pero no, no soy fuerte, no, no siempre quiero reír o cantar, no siempre estoy animado para seguir subiendo y no siempre quiero hacerlo.


Como reflexión vacía, la cual no se la creen más que los débiles, los simples o las marionetas diré que: es el camino que llaman vida, de todo se aprende y cada vez subiré mejor con la sabiduría que el trayecto me propicia, si soy constante encontraré la forma de ser feliz. Y una mierda. La vida es una mierda y hay que aceptar que habrán momentos que no quieras subir tu propia escalera, habrán otros que subas peldaños de dos en dos y otros en los que sangrarás. Si no hay sangre no hay placer. Si no te han tratado mal no aprecias lo que es que te traten bien, si no te han dejado nunca solo nunca valoraras lo que es tener a alguien cerca y si no sabes que vas a morir nunca apreciaras la vida. Mierda de vida, un paso más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario